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Re-encontrando a Pepa

Como casi todos sabéis uno de nuestros destinos habituales de viaje es Valladolid por motivos familiares, pues somos originarios de la capital castellana, bueno Jaco no, no podíamos dejar de aprovechar la ocasión para volver a ver a Pepa y a Bea. Espero que para nuestra próxima visita podamos hacer un encuentro o mini-quedada con otros beagles de la zona, pues parece que cada vez hay más seguidores pucelanos.

Zira también iba a venir al encuentro, pero finalmente no pudo, pero seguro que hay más oportunidades, tal y como ya he dicho.

Nos encontramos en la Plaza de Santa Cruz, y tras apreciar lo guapísima que estaba Pepa, pues ha crecido un montón de nuestro primer encuentro, decidimos ir a otro sitio donde pudieran correr libremente y disfrutar jugando. Nos trasladamos a la zona del aulario, en donde las amplias zonas verdes sufrieron a dos beagles descontrolados jugando a perseguirse como a ellos les gusta.

Pasamos un rato estupendo, y creo que los orejones casi más que nosotros, pues no hay más que verlo en el video que os dejo del encuentro.

Muchas gracias por el buen rato que pasamos junto Bea, y enhorabuena por ese sobrino.

Perros

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Definitivamente, ya es verano…

Hace aproximadamente un año escribimos una entrada titulada “Los peligros del verano” en donde hablábamos de los potenciales peligros del verano para un cachorro como Jaco. En aquellos momentos, mi orejón favorito contaba con 6 meses de edad, y a parte de los peligros habituales de los golpes de calor en los perros, y la necesidad de hidratación abundante, hablé de otra serie de problemas no tan directos, pero que sufrimos los que vivimos en una zona “de vacaciones”…

Ha pasado un año desde entonces, y Jaco ya no es aquel cachorro de peluche que los niños querían achuchar en todo momento, ahora ya es un precioso perrito, que sigue despertando simpatía y admiración, y que sufre en su persona a los niños veraneantes….

Desde que ha llegado el verano vacacional, en que los turistas con sus hijos han tomado nuestra tranquila urbanización, Jaco se encuentra mucho más alterado, y ha comenzado a sufrir en sus carnes un estrés, que se está traduciendo a su vez en destrozos varios…

El primer inconveniente con que se ha encontrado Jaco, es que ya no puede salir de casa sin correa, como hacíamos hasta ahora. Niños de 4 a 10 años están jugando y gritando en la puerta de casa, y en cuanto ven que la puerta de nuestra casa se abre, comienzan a gritar llamando a Jaco. El orejón en un primer momento se alegra al oír su nombre, pero en cuanto se acerca a saludar, hay un par de esos niños que lo llamaban insistentemente que gritan despavoridos y salen corriendo, con lo que Jaco piensa que están jugando y les intenta atrapar.. Me cuesta horrores parar a Jaco, pues quiere seguir jugando, y da igual como les explique a los niños que no corran, que será peor pues lograrán que les persigan más aun. Lo que más me fastidia, es que los que más chillan, son los primeros que llaman a Jaco, alegando en sus carreras que temen que el orejón les muerda…

Para evitar esa situación, que un niño salga corriendo, se caiga, se haga daño, y el culpable sea Jaco, y terminemos saliendo en las noticias veraniegas bajo el escalofriante titular “Beagle agresivo ataca a un niño y le arranca una pierna a mordiscos sanguinolentos” Jaco sale ahora siempre con la correa puesta desde casa. Lo mejor…, que todos los días tengo que explicar a los niños porque no dejo suelto a Jaco, pues me lo piden constantemente….

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Además de agobiarle al pobre de esa forma dicha, también se dedican a acosarlo desde la verja. Poniéndome en su pellejo, no tiene que ser agradable ver como 20 niños se agolpan en la puerta de tu casa gritando tu nombre, diciéndote que vengas, etc… Ya he observado en un par de ocasiones que ante esa situación Jaco se sube a la mesa del patio y les comienza a aullar, o bien se va al fondo de patio y se esconde en una esquina…

Jaco está durmiendo dentro de casa, porque intentamos que no haga ruido y moleste. No es un perro ruidoso, no ladra, solo aúlla muy de vez en cuando, y porque nos alerta de que alguien pasa por la puerta. Ahora, con niños que no se acuestan antes de la 1 por que están de vacaciones, si le dejásemos en la calle, seria un no parar…, así que está dentro de casa, pero continuamente deseando salir a ver que ocurre, lo cual contribuye a estresarlo más.

Todos estos comportamientos, ruidos, gritos, variaciones a la rutina, y demás, le están provocando a Jaco situaciones de estrés. No duerme igual por las noches, está continuamente dando vueltas hasta que el sueño le vence; se despierta mucho antes, y como se aburre, en lugar de mordisquear sus juguetes o huesos de tripa que le dejo para ello, busca zapatos y los destroza, especialmente el derecho (¿esto no sé a que se deberá, pero me sorprendió?) En esta última semana hemos sufrido la perdida de 4 pares de zapatos entre Guía y yo, y no se que hacer, pues los últimos no los habíamos dejado en el suelo a su alcance, sino que se subió a un sofá para conseguirlo…,

No intento disculpar a Jaco por haber destrozado esos zapatos, pero no me parece normal que de repente haya pasado de no tocar un zapato salvo en contadas ocasiones, a que todos los días amanezcamos con bajas… Creo que es consecuencia directa de lo que le está tocando vivir ahora, pues lo tienen alterado todo el día, y con las rutinas cambiadas…, esperemos que el verano pase pronto, o que nuestras vacaciones lleguen pronto…


Perros

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Conociendo a Pepa en persona

El pasado fin de semana estuvimos en Valladolid visitando a la familia. Aprovechando dicho viaje, no podíamos dejar pasar la ocasión de conocer en persona a una de las últimas incorporaciones a la lista de amigos, esa era Pepa, quien reside en la capital Pucelana con Bea y Angel.

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La hora del encuentro fueron las 18:00, y aunque el tiempo no acompañó mucho, pues estuvo casi todo el tiempo lloviendo, pasamos más de dos horas juntos, compartiendo anécdotas, consejos, y amistad, tanto humana como perruna.

Al principio Jaco, como buen perro adulto no hizo mucho caso a Pepa, pero ella con sus encantos de cachorro, finalmente le sedujo y pasaron un muy buen rato jugando.

Pepa es una perrita muy lista, que ya sabe sentarse, dar la patita y acudir perfectamente cuando la llaman, sobre todo a la orden “¡¡uy que rico!!!” que Bea repite cuando le va a dar un premio :D

Durante los juegos, Pepa le dio un mordisco a Jaco en la nariz, y si no llega a ser porque sangraba por la misma, no nos hubiésemos enterado, pues ni se quejó, supongo que como había sido jugando no le debió de doler lo más mínimo.

Finalmente jugaron, y Jaco abuso un poco de su posición, pero pasaron un rato estupendo, seguro que luego Pepa durmió igual de bien que lo hizo Jaco. Os dejo un pequeño video que grabé para inmortalizar el encuentro.

Espero que nos volvamos a ver pronto, y esta vez en la II quedada, que Pepa ya podrá defenderse solita. :D


Perros

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Dos disgustos seguidos por el mismo motivo.

Hace un par de semanas os conté un episodio de fuga de Jaco tras el coche de un amigo. Además de ese suceso, nos han ocurrido otro par de los que no os he hablado, y que os pienso contar a continuación.

Antes de entrar en materia, quiero decir que yo soy el único responsable de lo que haga mi perro, y si hace algo que no me gusta, es culpa mía, pero creo que en ocasiones hay personas que no tienen en cuenta las obligaciones que conlleva tener un perro en casa, y son obligaciones principalmente cívicas, para con el resto de la sociedad en la que vivimos, y si no nos gustan esas normas tendremos que tomar la decisión de vivir perdidos en la montaña.

El miércoles antes de la quedada, mientras Jaco paseaba con mi mujer recibí una llamada suya. En esa llamada se le notaba agitada, nerviosa y angustiada:

- “Jaco se ha ido corriendo detrás de otro perro y no lo encontramos….”

Ante esa llamada, rápidamente salí de casa a buscar a Jaco. Mi mujer no estaba sola, estaba en compañía de otros dos vecinos que también tienen perro, y que son habituales compañeros de juegos de Jaco. Por lo visto ellos también habían tenido que correr detrás de sus mascotas durante más de 10 minutos, pero finalmente agotados, los perros habían vuelto.

Sorprendido por ese punto pregunté que había pasado, pues me pareció extraño que 3 perros jugando como habitualmente hacen en un parque, tomen la decisión de salir corriendo a la aventura. Por lo visto los hechos acontecieron de la siguiente manera…

Dusky (un cruce de pastor alemán y Husky), Bruno (un precioso Golden Retriever), y Jaco, estaban sueltos en el parque donde nos reunimos, jugando como hacen en multitud de ocasiones, persiguiéndose unos a otros, dentro de un espacio controlado, y atendiendo generalmente a nuestras ordenes que les impiden salir del jardín a la carretera. Mientras se encontraban en esa situación, apareció una señora paseando con su perro, suelto, y con un bebé en brazos.

El nuevo perro se acercó al grupo, y todos le dieron la bienvenida acercándose a él, y con la intención de jugar. De repente, ese perro salió corriendo, fuera de la urbanización, por mitad de la carretera general, siendo perseguido por Dusky, Bruno y Jaco, los cuales estaban más interesados en jugar o perseguir al perro que atender a los llamados de sus respectivos dueños….

Cuando yo llegué, Dusky y Bruno habían sido cogidos por sus respectivos dueños, y el único que continuaba desaparecido era Jaco. Tanto mi mujer, como los otros dos vecinos, estaban haciendo una exhaustiva búsqueda, llamando a Jaco… La dueña del otro perro ¡¡NO!!

La buena mujer, que llevaba a su perro suelto, no se había preocupado lo más mínimo; había visto como su perro había incitado a los otros tres para jugar, y una vez que había captado su atención, había salido corriendo por mitad de la carretera. No intentó llamar a su perro, no intentó pararlo, no hizo ademán de ir tras de él en su búsqueda. Por lo visto, a esa señora, la fuga incontrolada de su perro no le preocupaba, pues “ya se ha escapado otras veces, y al final siempre vuelve a casa

La pregunta que yo me hago es ¿y si no vuelve?. Si no vuelve no pasa nada, pues a la señora, no le importa lo más mínimo, ya encontraremos otro perro.

Después de buscar a Jaco durante 40 minutos, finalmente lo encontré, a un kilometro y medio de nuestra casa, todavía persiguiendo al perro de la señora, sin comprender que lo que había hecho no estaba bien….

Pensé que ese suceso había sido único, y evidentemente no había sido, totalmente culpa de Jaco, pues otros dos perros habían actuado de la misma manera, la única diferencia es que Jaco había aguantado más tiempo corriendo tras del visitante.

No os creáis que el suceso fue único. La semana siguiente, el mismo día, es decir, un miércoles el suceso se repitió, y esta vez yo si que estaba presente. Otra vez estaban los 3 perros jugando, a escasos dos metros de distancia cuando vi llegar a un perro. Alertado por lo sucedido la semana anterior, pregunté tanto a mi mujer como a los otros dueños, por si era el mismo perro. Como ellos no habían visto al perro, cuando me contestaron ya era demasiado tarde, mis intentos de parar a los perros fueron en vano, salieron corriendo tras del incomodo visitante…

En esta ocasión, tan solo tardamos 15 minutos en recuperar a nuestros canes, y nuevamente la señora había desaparecido, sin importarle lo más mínimo el destino de los perros, ni el suyo, ni los demás….

Como ya he dicho al principio de la entrada, sé que es responsabilidad mía hacer que Jaco responda a mis ordenes, y que no se escape tras de otro perro para jugar, o para lo que sea. Pero esto no tiene nada que ver con el hecho de ser consciente de cuales son mis obligaciones como propietario de un perro, para con el resto de la sociedad.

Si yo paseo sin correa a mi perro, es mi responsabilidad saber que mi perro responde a mi llamada, y en cuanto aprecie una situación de peligro, no solo para él, sino para cualquiera, tendré que ponerle su correa. Si Jaco va suelto, y sale corriendo invadiendo la calzada, yo seré el responsable y tendré que apechugar con las consecuencias, no solo porque mi perro pueda salir herido, sino porque puede causar un accidente de tráfico y poner otras vidas en peligro.

Lo mismo ocurre en el supuesto que Jaco vaya suelto y un niño u otra persona, se asuste de él. Soy yo quien tendrá que actuar rápidamente y ponerle la correa a mi perro para evitar males mayores.

Tres cuartos de lo mismo pasa con las heces de Jaco, soy yo quien tiene que recogerlas y depositarlas en una papelera o en el contenedor que se haya habilitado para ello.

Así pues, creo que la actitud de la señora propietaria del perro visitante es totalmente reprobable, y es responsabilidad suya advertir a los otros propietarios de que es lo que hace su perro, me refiero a huir llevando tras de si a los demás. En el supuesto de no querer advertirlo, debe llevarlo atado; lo menos que puede hacer, es preocuparse de ese animal que tiene en casa, y que seguramente le da muchas cosas a cambio de nada, pues cualquier día lo perderá, pero seguramente no le importe.

Son esos dueños que pasan totalmente de sus obligaciones los que hacen que los dueños responsables no podamos disfrutar totalmente de nuestras mascotas. Por su culpa, no podemos llevar a nuestros perros a la playa, pues son ellos los que no recogen las deposiciones que sus mascotas dejan. Son esos dueños “pasotas” los que con sus actitudes hacen que nuestras mascotas no puedan entrar en muchos locales y tiendas con nosotros. Son esos dueños irresponsables los que dan mala imagen al resto de perros, y somos nosotros y nuestras amadas mascotas los que sufrimos las consecuencias. Son esos dueños los que abandonan a sus animales, porque en realidad, ellos son menos civilizados que sus perros….

Así que por favor os lo pido, sed responsables con vuestros perros. Si no lo queréis hacer por los demás, al menos hacedlo por ellos….



Perros

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Siempre hay alguien que te agotará…

Ayer mientras dábamos nuestro paseo vespertino, decidimos ir un poco más allá de nuestra ruta habitual. Mientras caminábamos por un pequeño parque, repentinamente Jaco giro su cabeza, como si algo llamase su atención; era otro perro…

Hace ya mucho tiempo, escribí una entrada en la que hablé de otro beagle que había en la localidad donde vivimos. Ese beagle se llama, sorprendentemente, y por ventura del destino, Jaco; y era el perro que había llamado la atención de Jaco.

Llevábamos desde el mes de Junio sin encontrarnos con él, pensaba que por algún motivo sus dueños se habrían trasladado a otro lugar a vivir; así que cuando nos volvimos a encontrar nos llevamos una grata sorpresa.

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Lo primero que pude apreciar era lo que había crecido nuestro Jaco, el que inspira este blog; en nuestros anteriores encuentros siempre hubo diferencias de tamaño, el otro Jaco es 6 meses mayor que el nuestro, y por supuesto antes de alcanzar el año las diferencias eran muy evidentes.

Tras intercambiar saludos con la dueña del otro Jaco, y halagar lo guapos que estaban ambos beagles, les dejamos sueltos (la verdad es que nuestro Jaco iba sin correa desde el principio). En cuanto tuvieron libertad de movimiento comenzaron los juegos habituales, ya sabéis: mordisquearse, correr uno tras de otro, revolcarse por el suelo.

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Estuvieron jugando juntos durante una media hora, pasado ese rato comenzó un “juego” de dominación. El otro Jaco, desde ese momento intentó montar continuamente a nuestro Jaco. Al principio, nuestro Jaco intentó evitar ese juego mordisqueando la quijada del otro, corriendo de un lado para otro, pero finalmente, cuando le pillaba, comenzaba el rito nuevamente.

Llegado un momento nuestro Jaco estaba saturado de intentar huir, y a pesar de todos los intentos, en ningún momento intentó tomar la iniciativa, y ser él quien “montaba” al otro Jaco. Está bien claro que nuestro Jaco es un perro que conforme a su carácter no es nada dominante. La verdad es que no sé realmente si esto es bueno o malo, pero lo que si que sé es que Jaco no es un perro que provoque peleas o que se meta en ellas; puede que en el futuro ese carácter le provoque algún problema, porque puede granjearle algún mordisco, aunque probablemente también se los evite por el mismo motivo.

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Lo que también fue totalmente sorprendente, es que Jaco, nuestro Jaco, debido al acoso al que estaba siendo sometido, nos pidió que nos marchásemos a casa, pues estaba agotado de intentar evitar los envites de su tocayo. Cuando tuvo posibilidad, vino a mi, refugiándose tras mis piernas, y lo mismo hizo con mi mujer, por lo que estaba claro que quería marcharse de allí.

Comenzamos a despedirnos, mientras el otro Jaco ya había sido atrapado con su correa por su dueña; y sin tener que ponerle la correa, Jaco abandonó el lugar siguiendo nuestros pasos, sin necesidad de llamarlo, ni insistir…

Pese a que el encuentro fue satisfactorio durante el rato de juego, que fue la mayor parte del tiempo, parece que los “juegos” de dominancia no le resultaron muy agradables, así que en la próxima ocasión tendremos que marcharnos en cuanto vea el menor intento de abuso…

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Ay, lo que te echaba de menos…

Hace ya bastante tiempo hice una entrada en la que hablaba de “La cuerda” como ese gran juguete para nuestros beagles.

Hoy no quiero volver a insistir sobre la importancia que ha tenido la cuerda para Jaco, lo que si que os voy a contar es lo que nos ha pasado con una nueva cuerda.

La semana pasada, a base de tanto jugar con ella, y de entretenerse en morder sus nudos, pues esa es una de las formas de entretenimiento que tiene el orejón con la misma, su cuerda se rompió, pasando de ser una cuerda triple trenzada, a un simple nudo de hilos. Había que reaccionar rápido, pues esos hilos deshilachados comenzaron a formar parte del paisaje de nuestra casa, y lo que es peor, parte de la alimentación de Jaco.

El hecho de que Jaco se comiese alguno de los hilos como parte del juego no tendría mayor importancia, de no ser porque cuando los expulsa por vía anal, nos encontramos con que alguna sus deposiciones no se desprenden, sino que se le quedan colgando porque un hilo se queda a medio camino, con lo que Jaco comienza a arrastrar el culo contra el suelo para quitarselo, o incluso se persigue el pandero para deshacerse del “colgajo”.

Aparte de quitarle los restos de cuerda de su alcance, la otra acción rápida a realizar, era conseguir una nueva cuerda, porque como ya os he dicho es su juguete favorito. Aunque parezca difícil de creer, tardamos casi una semana en conseguir una nueva cuerda, porque todos los establecimientos especializados a los que acudimos no tenían existencias, y como vivimos en un pueblo no muy grande, no pudimos lograr nuestro objetivo. Pero el sábado estuvimos en Cartagena (Murcia), y allí finalmente conseguimos comprar una nueva cuerda.

Cuando llegamos a casa, después del recibimiento habitual, hice a Jaco que se sentase, y saque la cuerda de la bolsa en la que iba. Los ojos de Jaco se iluminaron al ver el nuevo juguete; no podía contener su alegría y se lanzó como un loco a por ella, poseso por tenerla otra vez entre sus mandíbulas. Como no quería hacerlo sufrir mucho se la di inmediatamente, su cola se convirtió en un ventilador, y comenzó a llevarla de un lado para otro, siguiéndome por toda la casa para que jugase con él.

Los juegos con la cuerda suelen ser los normales, yo se la tiro y él me la trae; hacemos campeonatos del mundo de “tira y afloja”, en los que generalmente gana Jaco, porque no suelta nunca. En otras ocasiones lo que hace es entretenerse él solo jugando con la cuerda, imaginando que es algún tipo de animal, y la caza, o la lanza al aire para volverla a tomar con sus fauces… Y lo que más le gusta, es traermela cuando llego a casa, para que juguemos juntos, y a modo de regalo de bienvenida dándome su tesoro más preciado.

Una de las cosas que también le gusta hacer con su cuerda es traerla cuando estoy viendo la televisión, o leyendo, para que juegue. Como suelo ignorarlo, el me insiste dejando la cuerda en el suelo, y golpeándome con el hocico para que deje lo que tenga entre manos y le entretenga. En ocasiones, esto mismo lo hace cuando paso por un mal momento, si me ve bajo de moral, rápidamente me viene a buscar con la cuerda, para que me olvide de mis problemas, como intentando animarme….

Fijaos hasta que punto le gusto volver a tener su cuerda, que cuando llegó el momento de la comida, se la llevó consigo para disfrutar del pienso. Todo el fin de semana ha estado con ella a su lado, llegando incluso a dormirse con la cuerda a su lado, como si fuera un osito de peluche que hubiera perdido y repentinamente hubiera vuelto a encontrar.

Incluso para salir a pasear se la quería llevar, teniendo que engañarle con algún señuelo para que desistiese de llevarsela, y tener yo que cargar con ella durante la mayor parte del paseo…

Y ahora la pregunta de marras, ¿tienen vuestros orejones algún juguete favorito?

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El hueso que lo parío…

Este fin de semana, como los paseos matutinos son más largos por la ventaja del descanso del trabajo, suele darnos más posibilidades para escribir nuevas entradas.

Como novedad el sábado mientras paseábamos, nos encontramos con un hueso. En un principio ni me imaginaba que fuera un hueso, es más, pensé que era una piedra, pues el tamaño era considerable como podéis ver en las fotos.

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Ese hueso, de dinosaurio por el tamaño, lo primero que le causo a Jaco fue una llamada de atención a su instinto. Iba correteando por la playa, y un aroma característico le llamó la atención, llegó al sitio donde se encontraba el hueso y comenzó a revolcarse sobre él, intentando impregnar todo su cuerpo con el aroma, totalmente inapreciable para nosotros.

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Tras el revolcón, lo desenterró totalmente, e hizo algo que hasta ahora, nunca había visto; lo tomó con sus fauces, y se fue al agua del mar. En la orilla, con el oleaje, procedió a limpiar el hueso de toda la arena que lo recubría, dejando al descubierto lo que parecía que más le llamaba la atención, el tuétano.
A partir de ese momento, el pedazo óseo se convirtió en uno de sus mejores juguetes. Primero lo lamió un rato, luego estuvo jugando con él como si fuera una presa, ya sabéis, saltando sobre él, retrocediendo, volviéndolo a atacar, increpándolo, etc…, para luego llevárselo corriendo por toda la playa, y a todas partes.
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Gracioso fue el momento en que en la playa aparecieron otros perros. El primer perro que encontramos fue un Fox Terrier, ya mayor, pues apenas podía caminar. En cuanto apareció por la playa, Jaco lo olió, y en lugar de intentar jugar con él, se dedicó a proteger su “tesoro”.
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No es que se mostrara agresivo, ni comenzase a ladrar al otro perro para proteger la pieza, pero si que mantuvo una actitud de protección hacia la misma, pues en cuanto lo vio venir, dejó el hueso a su espalda, y le estuvo haciendo un marcaje fútbolistico de primera, no permitiendo que el Fox Terrier pudiera siquiera ver el trozo de hueso, pues lo protegió con su cuerpo al interponerse en el campo de visión del otro perro.
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Una vez que el otro perro se alejó, siguió jugando con el hueso, y de hecho, así estuvo durante toda la mañana hasta que volvimos a casa, pues lo estuvo llevando de un lado para otro de la playa, jugando tal y como ya he explicado.
Uno de los peores momentos que pasó el pobre Jaco con su “juguete”, fue cuando una ola lo sorprendió, empapándolo totalmente. Lo peor no fue el remojón, fue que la corriente sepultó el hueso y se lo llevó hacia el mar. Jaco comenzó a buscarlo como un loco, dando vueltas sobre si mismo, mirando de un lado para otro, hasta que finalmente, una vez que el mar había vuelto a su ser, emergió embadurnado de arena. Jaco lo encontró y continuo con el juego.
Menos mal que al final, y gracias a un cachorro de Boxer de tan solo 3 meses, Jaco se distrajo y pudimos quitarle el hueso, porque si no nos llegamos a encontrar con el cachorro, mucho me temo que no hubiésemos tenido más remedio que habernos llevado el hueso a casa…

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Como cambian los tiempos…

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Hay que ver como pasa el tiempo, y como van cambiando las cosas. Hasta hace poco Jaco era el que iba acosando continuamente a todos los perros con los que se encontraba.

Los acosaba intentando incitarlos para jugar con ellos, los perseguía, saltaba sobre ellos, los mordisqueaba, los rodeaba correteando a su alrededor…, y todo con la intención de pasar un rato jugando…., ahora sin embargo, y pese a que sigue siendo un perro juguetón, es él el que se siente acosado.

Desde hace un par de días, unos vecinos tienen a Jack, un perro que habían abandonado y que ellos han recogido. Es una mezcla de beagle y Jack Russel, y tiene como loco al pobre Jaco. No os podéis hacer una idea de lo que me recuerda al Jaco hace un par de meses.

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En cuanto nos encontramos con ellos, Jack viene corriendo como un loco al encuentro de Jaco. Lo comienza a ladrar, mordisquear, etc…, y claro Jaco comienza a correr intentando deshacerse del acoso.

Me resulta curioso y sorprendente, ver como han cambiado las tornas, y se ha convertido en el acosador, acosado. Lo que me resulta más gracioso, es que esa actitud de huir, por parte de Jaco, solo la tiene con Jack, que es más pequeño que él, porque con los otros perros más mayores, sigue siendo él el que agobia a sus congéneres hasta que logra que le hagan caso.

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Pesé a esa actitud huidiza, Jaco termina jugando con Jack. Tanto los dueños de Jack como yo estamos encantados, porque de ese modo logramos que ambos se agoten, sin que nosotros tengamos que dar un paso :D

Como podéis apreciar, las fotos no son muy buenas, pero es que es imposible sacarlas mejor, porque no se están quietos ni 3 segundos seguidos…

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Una tarde de lluvía

Ayer fue un día bastante pasado por agua. El otoño ha llegado, y ha traído todo tipo de tormentas, con aparato eléctrico, sin él, con truenos, diluvios constantes, intermitentes, etc… Estos factores climáticos hacen bastante difíciles los paseos vespertinos de Jaco, pues en cuanto salimos se dedica a chapotear como un niño por todos los charcos, revolcarse por el barro, y en general llenarse de “mierda” hasta las cejas, con lo que el retorno a casa es traumático, tanto para él como para mi.

Digo que es traumático, porque totalmente sucio no puedo dejarlo entrar, pues me pondría la casa hecha unos zorros, y él no tiene otra intención que la de pasar al interior conmigo. Así que como se queda en la calle, comienza a rascar la puerta y a aullar, llegando el ruido de sus uñas contra la puerta a ser insoportable.

El problema, es que si quiero limpiarlo, y secarlo, no se deja. Si uso una toalla, piensa que es para jugar, como su cuerda, e intenta morderla y tirar de ella continuamente. Si por contra trato de usar el secador, por mucho que lo sujete, se revuelve como una sardina recién salida del mar, porque el ruido que hace le da mucho miedo.

El tema, es que ayer estuvo lloviendo toda la tarde, y tras hacer hasta 3 intentos por salir a dar un paseo, no tuve más remedio que desistir, y quedarme jugando con el orejón en casa. Como el otro día ya dije, nuestros juegos dentro de casa suelen tener gran carga de violencia física, así que para hacer una demostración lo grabé en vídeo, porque hace tiempo además que no subo ninguno, y así podéis ver exactamente lo que ha crecido Jaco.

Más tarde, a eso de las 9 de la noche, la tormenta paró, y pudimos salir a dar un paseo. Pensé que no iba a haber problema de que se manchase en exceso, tal vez que se mojara un poco…, que lejos de la realidad estaban mis pensamientos…

Anduvimos hasta el paseo, todo el tiempo sin correa, pues apenas había gente por la calle. Cuando llegamos a la playa, hizo ademán de meterse en ella, pero le seduje con un trozo de salchicha, por lo que seguimos caminando por el paseo. El problema surgió cuando volvíamos del paseo. Según volvíamos, vimos a una vecina con su perro por la playa, y Jaco se fue a saludarlo. Ese saludo supuso estar durante casi 45 minutos corriendo por la playa, revolcándose en la arena, y lo que fue más grave, entrando y saliendo del mar, con lo que todo el tiento que yo puse en que se mantuviese seco no sirvió para nada, pues termino hecho una sopa…

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Otra vez con los gatos…

La semana pasada casi no pude contar nuestras cosas entre Jaco y yo con la avalancha de amiguetes que se incorporaron a la lista, así que voy a intentar ponernos al día esta semana….

De momento voy a volver al tema de los gatos. Hace ya algún tiempo escribí una entrada sobre ello, pero me veo obligado a volver al tema. Ya en aquel momento hablé de lo inconsciente que era Jaco al intentar jugar con los gatos, no dándose cuenta del peligro que entrañaba sus intenciones (no hay más que ver la foto del gato erizado que puse en aquella entrada).

Pensé que según fuera pasando el tiempo y creciese, se volvería más instintivo y comenzaría a perseguirlos con otras intenciones, lo cual hasta cierto punto me daba un poco de miedo, tanto por los riesgos de fuga, como por las lesiones que los gatos le pudieran causar… Bueno, pues aunque han pasado ya 2 meses desde aquella entrada, y Jaco está en plena adolescencia, de “machote” subido, sigue intentando jugar con los gatos…, ved si no las siguientes instantáneas…

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De momento no nos ha pasado nada, porque el gato se refugio debajo de un coche, y logré que siguiésemos con el paseo, pero Jaco como buen Beagle de pura cepa, es cabezón y seguramente lo siga intentando hasta que se lleve un zarpazo de algún felino con malas pulgas…

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