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Los pájaros..

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No, no voy a hablar de la famosa película de Hitchcock, la cual recomiendo que veáis todos si es que no lo habéis hecho todavía, voy a hablar de una de las mayores aficiones de Jaco, y por lo que tengo entendido de muchos beagles.

Evidentemente, esta afición está directamente entroncada con su temperamento cazador, pues un beagle es un perro de caza. En muchas ocasiones Jaco ha intentado cazar gaviotas, o palomas, o cualquier otra ave durante nuestros paseos, lo cual ha sido imposible, pues todavía no le han salido alas.

Para los que no hayáis leído este blog desde el principio, lo cual entiendo pues mi narrativa no es comparable con la de cualquier literato de postín y no tengo formación periodística, ya he hablado en otro par de entradas sobre este mismo tema (Jaco y los pájaros y Jaco cazador II), pero aun así no deja de sorprenderme el alto atractivo de las aves para mi perro.

La foto que encabeza esta entrada os muestra a Jaco descubriendo una gaviota. Esa gaviota estaba totalmente parada, posiblemente porque tenía una ala rota, y alguien la alimentaba pues tenía comida puesta a su lado. En un principio Jaco tan solo se dedicó a olisquearla por delante, por detrás, e incluso la tocó con la nariz en un par de ocasiones, lo cual me alertó, pues pensé que en cualquier momento iba a recibir un picotazo. La gaviota ni se inmutó, y gracias a Dios, Jaco acudió a mi llamada sin que nada pasase, permitiéndome incluso hacer la foto que ilustra esta entrada.

Al haber atendido a mi llamada, y haber pasado olímpicamente del ave, pensé que tal vez el instinto cazador de Jaco se había resentido, o que tal vez a partir de ahora lo que le tiraría serian los conejos, topos y similares, que se supone que son los animales que un beagle debe cazar…, pero nada más lejos de la realidad.

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Al día siguiente, mientras dábamos nuestro paseo matutino, por no sé que extraña circunstancia, la playa estaba llena de gaviotas, que tranquilamente se encontraban posadas allí. Cuando Jaco se percató de ese panorama, dio igual lo que le gritase, ofreciese comida, hiciese el pino a una mano, o lo que fuese, se lanzó a la playa a por ellas obligándolas a levantar el vuelo como hizo Sean Conery en “Indiana Jones y la Ultima Cruzada”, que por cierto se rodó en una playa no muy lejana a donde residimos… Tan solo pude observar la escena y hacer la foto sobre estas lineas desde la distancia.
Comprobado que el instinto cazador sigue en su sitio, tras la espantada, Jaco volvió a su ser y retornó conmigo para seguir el paseo sin ningún problema…

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Se está haciendo un hombre…

Por lo que estamos viviendo últimamente, tanto con el cumplimiento del año como con lo que nos pasó este fin de semana, me voy dando cuenta de que Jaco cada día es más mayor, cada vez es menos cachorro para irse haciendo más adulto. Ahora, con el relato que os voy a contar, veréis porque digo estas cosas…

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Salimos el sábado, por fin la lluvia había dado un respiro y dejaba al astro rey asomarse e inundar todo con su calided y color. Con ese día tan maravilloso no teníamos más remedio que ir a dar un largo paseo, porque los últimos días nos habíamos visto un poco limitados por el clima, es curioso, pero a Jaco no le gusta mucho pasearse bajo la lluvia.

Así pues, ni cortos ni perezosos, iniciamos la marcha, como solemos hacer todos los fines de semana, esperando nuevas aventuras para contar en este medio.

Jaco estuvo de lo más normal durante el paseo, yendo y viniendo de un lado para otro, olisqueando todo lo que podía, curioseando arriba y abajo, pero en todo momento pendiente de donde estábamos nosotros, y atendiendo a nuestras llamadas.

Mientras estábamos haciendo una pausa en el recorrido, apreciando los preciosos paisajes que había, nos cruzamos con una pareja que también iban paseando acompañados de una perrita de color negro y cuya raza no llegué a descubrir. Por supuesto, en cuanto Jaco vio a la perrita, se fue corriendo a por ella para comenzar a jugar.

Jugaron durante un par de minutos, y claro, como la pareja llevaba el sentido contrario al nuestro, para evitar que Jaco se fuera con ellos le pusimos la correa. Proseguimos nuestro recorrido, y tras haber pasado otros 5 minutos decidí soltar a Jaco para que pudiera disfrutar del paseo como estaba haciendo hasta entonces, y porque pensé que ya se habría olvidado de la perra.

Una vez que se vio libre, retrocedió y pego la nariz al suelo, intentando encontrar un rastro. Pensé que se debía a algún conejo o liebre que habría pasado por allí, pero no, lo que iba buscando era el rastro de la perrita que habíamos visto antes.

Dio igual la cantidad de veces que lo llamásemos, los premios que le ofreciésemos, no nos quedó más remedio que ir corriendo tras él, siguiendolo con la mirada la mayor parte del tiempo, porque la velocidad que alcanzó nos impidió seguir su ritmo. En un principio no sabíamos donde iba, pero cuando termino de bajar la ladera y llegar hasta la playa donde se encontraba la perrita, estaba claro; la seguía a ella.

El dueño de la perrita reaccionó muy bien, pero no dejó a Jaco que jugase con ella, es más le puso la correa de su perra para tenerlo controlado. 30 segundos después llegábamos donde estaban, pidiendo disculpas por el suceso, y atrapando a Jaco con su correa. Fue en ese momento cuando entendimos porque esa fijación de Jaco por alcanzar a la perrita, ¡¡estaba en celo!!

Esa era la primera vez que Jaco se ponía como loco tras de una perrita en celo, lo cual me hace pensar que tendremos que tener más cuidado ahora con los paseos, pues no atendía a razones de ninguna clase. Lo más gracioso fue ver alejarse a la pareja con su perra, y ver como en cuanto se cruzaban con otro perro, ese can se iba como loco tras de la perrita, y su dueño intentaba protegerla…

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Otra síntoma de la etapa adulta de Jaco es su nueva actitud frente a otros perros. Hasta ahora siempre había sido un perro sumiso, que en cuanto se le acercaba un perro desconocido prefería meter el rabo entre las piernas, encorvarse, y finalmente tumbarse boca arriba para dejarse olisquear sin problema. El otro día, cuando nos encontramos con Dusky, el pastor alemán del vecino, además de jugar como siempre han hecho, hubo momentos en los que Jaco comenzó a disputar el dominio, pues a pesar de la diferencia de tamaño, intentó “dominarle” sobre sus patas traseras.

Me sorprendió muchísimo ese cambio de actitud en Jaco, pasando de un perro sumiso a más no poder, a comenzar a disputar su puesto con un perro amigo. Gracias a Dios, como Dusky lleva intentando “dominar” desde que lo conocemos no pasó nada, y su dueño se río conmigo por el cambio de actitud del orejón, y ahí se quedo todo.

Más datos de su crecimiento en una próxima entrada…

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Tendría que llamarse Tolomeo

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Si el otro día hablaba del maldito instinto que le hace revolcarse sobre todo lo que tiene un olor fuerte, hoy os voy a hablar de otra cosa que es parte de su instinto, el mear marcándolo todo, de ahí el chiste del título con el cambio de nombre a “To-lo-meo”.

Desde que Jaco comenzó a levantar la pata para orinar, allá por el mes de septiembre, empezó a desarrollar el instinto del marcaje. Como ya sabéis, los perros machos, utilizan su orín como una marca olfativa que les ayuda a fijar la posición de su territorio. Ahora que Jaco se está aproximando a la edad adulta, cada vez marca más cosas.

Siempre ha sido un perro muy sociable, por eso siempre ha podido ir sin correa, pues sabemos que no nos va a meter en ninguna pelea con otro can. Pero con esa manía suya de marcarlo todo puede que en alguna ocasión nos ganemos alguna que otra bronca, ahora veréis porqué.

En los últimos días me he percatado, que todo aquello que resalte del suelo 3 centímetros, es un objetivo claro de marca para Jaco. Hasta ahora, lo habitual es que orinará en la palmera que tenemos frente a casa, en las esquinas próximas, así como en muchos otros sitios que se levantan en vertical, a saber, farolas, señales de tráfico, etc… Este pasado fin de semana, ha decidido que tiene que marcar todo. Comenzó marcando cosas tan incomprensibles como una lata de cerveza tirada en el suelo, un grupo de piedras, una rama suelta en la playa, una bolsa de basura…. Pero lo que nos va a causar problemas, son los dos siguientes ejemplos:

Ibamos paseando por la playa, y como de costumbre, Jaco iba suelto, correteando de un lado para otro; persiguiendo pájaros y buscando olores. En una de esas escapadas de avanzadilla, Jaco se acercó hasta una señora que estaba tumbada en la arena; recibió una carantoña, y siguió en dirección a un niño, el hijo de la anterior señora, que estaba tranquilamente jugando en la arena haciendo castillos con su cubo y su pala. Cuando el niño lo vio aproximarse, éste salió corriendo hacia su madre; el orejón no se inmuto, pasó del niño, pero fijo su objetivo en el castillo de arena que el niño estaba edificando; así que una vez que llegó a su altura, levantó la pata, y regó el castillito con su liquido amarillo, dejando marcado su dominio sobre él… Gracias a Dios, nadie nos dijo nada, y pudimos escurrir el bulto siguiendo con nuestro paseo, aunque realmente me sentí un poco mal por el pobre niño.

Como nos habíamos librado de una posible riña con ese acto de “marcaje”, seguimos nuestro paseo. Parece que Jaco esa mañana, se había propuesto que nos llamasen la atención, así que cuando llegamos a un kiosco, en donde se expone la prensa diaria, Jaco debió de pensar que las noticias que allí se contaban no eran de su agrado, por lo que enseguida levantó su pata y…. No os hacéis una idea del berrido que le di, pues no me apetecía tener que comprar el periódico que estaba a punto de arruinar, y que de hecho dejó mancillado con unas gotitas…

¿Y a vosotros, vuestros perros machos, os ponen en esas situaciones de tierra trágame?

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El hueso que lo parío…

Este fin de semana, como los paseos matutinos son más largos por la ventaja del descanso del trabajo, suele darnos más posibilidades para escribir nuevas entradas.

Como novedad el sábado mientras paseábamos, nos encontramos con un hueso. En un principio ni me imaginaba que fuera un hueso, es más, pensé que era una piedra, pues el tamaño era considerable como podéis ver en las fotos.

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Ese hueso, de dinosaurio por el tamaño, lo primero que le causo a Jaco fue una llamada de atención a su instinto. Iba correteando por la playa, y un aroma característico le llamó la atención, llegó al sitio donde se encontraba el hueso y comenzó a revolcarse sobre él, intentando impregnar todo su cuerpo con el aroma, totalmente inapreciable para nosotros.

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Tras el revolcón, lo desenterró totalmente, e hizo algo que hasta ahora, nunca había visto; lo tomó con sus fauces, y se fue al agua del mar. En la orilla, con el oleaje, procedió a limpiar el hueso de toda la arena que lo recubría, dejando al descubierto lo que parecía que más le llamaba la atención, el tuétano.
A partir de ese momento, el pedazo óseo se convirtió en uno de sus mejores juguetes. Primero lo lamió un rato, luego estuvo jugando con él como si fuera una presa, ya sabéis, saltando sobre él, retrocediendo, volviéndolo a atacar, increpándolo, etc…, para luego llevárselo corriendo por toda la playa, y a todas partes.
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Gracioso fue el momento en que en la playa aparecieron otros perros. El primer perro que encontramos fue un Fox Terrier, ya mayor, pues apenas podía caminar. En cuanto apareció por la playa, Jaco lo olió, y en lugar de intentar jugar con él, se dedicó a proteger su “tesoro”.
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No es que se mostrara agresivo, ni comenzase a ladrar al otro perro para proteger la pieza, pero si que mantuvo una actitud de protección hacia la misma, pues en cuanto lo vio venir, dejó el hueso a su espalda, y le estuvo haciendo un marcaje fútbolistico de primera, no permitiendo que el Fox Terrier pudiera siquiera ver el trozo de hueso, pues lo protegió con su cuerpo al interponerse en el campo de visión del otro perro.
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Una vez que el otro perro se alejó, siguió jugando con el hueso, y de hecho, así estuvo durante toda la mañana hasta que volvimos a casa, pues lo estuvo llevando de un lado para otro de la playa, jugando tal y como ya he explicado.
Uno de los peores momentos que pasó el pobre Jaco con su “juguete”, fue cuando una ola lo sorprendió, empapándolo totalmente. Lo peor no fue el remojón, fue que la corriente sepultó el hueso y se lo llevó hacia el mar. Jaco comenzó a buscarlo como un loco, dando vueltas sobre si mismo, mirando de un lado para otro, hasta que finalmente, una vez que el mar había vuelto a su ser, emergió embadurnado de arena. Jaco lo encontró y continuo con el juego.
Menos mal que al final, y gracias a un cachorro de Boxer de tan solo 3 meses, Jaco se distrajo y pudimos quitarle el hueso, porque si no nos llegamos a encontrar con el cachorro, mucho me temo que no hubiésemos tenido más remedio que habernos llevado el hueso a casa…

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Maldito instinto

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Como podéis ver en la foto superior Jaco está escondido tras la escalera de casa, intentando mantenerse al margen, tratando de pasar desapercibido, como hace últimamente cuando realiza alguna trastada y sabe que le caerá bronca.

Esa manía de esconderse es una de las tácticas que ha desarrollado en los últimos tiempos para evitar el reproche, o el castigo. Además de esconderse en la escalera, también usa la misma técnica debajo de la mesa del salón, donde sabe que es difícil alcanzarlo, a no ser que te tires al suelo y lo saques de su escondite. Otra técnica de supervivencia, que emplea con nosotros ante el temor de un reproche, y con otros perros más grandes que él, es la la de tirarse panza arriba y quedarse como si lo hubieran atropellado, con las cuatro patas para arriba.

Todas esas cosas están dentro de su instinto defensivo; está bien claro que un Beagle no es uno de los perros más valientes del mundo, no pertenece a las razas de presa como Boxers, etc.., es un perro de caza, y además un perro de manada. Lo suyo es ver como eran usados en jauría para sacar las piezas a los cazadores. Es ese instinto de manada lo que les hace tan familiares, desde mi punto de vista, siendo un miembro más de nuestras casas, llegando incluso a deprimirse seriamente si están demasiado tiempo solos.

Otra característica importante de su instinto, es evidentemente su olfato. Todo el día lo pasan con la nariz pegada al suelo, buscando rastros que nosotros nunca llegaremos a imaginar que están ahí. Cuando más me gusta Jaco olfateando es cuando “bebe los vientos”, es decir, cuando de repente se para con la cabeza en alto y se puede ver como las aletas de su nariz se abren y cierran, descubriendo los aromas que la brisa le trae.

Pero otra de las cosas que están en el instinto de los Beagles, y que es la que ha provocado el titulo de esta entrada, es el intentar camuflar su olor con otro más fuerte. Con ese camuflaje intentan que sus posibles presas no los reconozcan a la hora de cazar. Jaco es un experto en eso del camuflaje.

No hay día que salgamos a pasear, que como tenga la posibilidad, frotará todo su cuerpo con algún pez muerto que traiga la marea, o con una bolsa de basura, o con cualquier cosa que tenga un olor lo suficientemente fuerte, para que cuando llegue a mi lado las nauseas me surjan, y esté al borde del vómito.

El otro día, sin ir más lejos, dejé a Jaco paseando con mi mujer, pues yo tenía obligaciones deportivas. Cuando volví a casa, y después de los habituales saludos, una frase resonó en mi cabeza:

-Jaco tiene que estar malo, porque se está tirando unos pedos. ¡¡¡Huele fatal!!!

Pensé que sería algo que habría comido, alguna porquería en la calle, que en ocasiones le causa una ligera diarrea de un día, pero no. El olor era persistente, por lo que le hice venir a mi vera.

Nada más llegar a mi, un olor a defecación intensa me embriagó, y pude apreciar un tono marrón en un lateral de su cuello, que delataba la fiesta que se había pegado revolcándose “en un montón de mierda“. Cuando comencé a echarle la bronca por lo que había hecho, salió corriendo escaleras arriba, momento de la instantánea.

Lo que Jaco no sabia, era que le esperaba un buen baño, pues yo tenía que ducharme de todos modos, y no me importaba hacerlo una vez con la ropa puesta, mientras lo bañaba, y otra yo solo…

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¿Qué es eso tan grande?

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Este fin de semana, aprovechando el buen tiempo después del temporal de frío, agua y nieve de las últimas semanas; salimos a dar un paseo por la playa. Era una mañana soleada, con una temperatura muy agradable para ser Enero, aproximadamente unos 17º C. La playa siempre le ofrece a Jaco un mundo muy interesante para explorar, con multitud de olores, algún que otro desecho vertido por algún “marrano” que no sabe usar las papeleras, y muchos pájaros a los que perseguir, sobre todo gaviotas.

Como de costumbre, y para dejarlo disfrutar en total plenitud de esas cosas, Jaco suele ir suelto, sin correa. Y así íbamos hasta que a unos 800 mts. pude ver a unos jinetes con sus caballos en la playa. Para evitar que Jaco saliese corriendo a por ellos, lo llamé y le puse la correa. Ya con la correa puesta, me relajé, y le dejé seguir disfrutando; dicho y hecho, en 30 segundos encontró el rastro de los caballos, y comenzó a seguir su olor sobre todas la huellas que los cascos habían dejado.

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Comenzó a tirar como un loco, siguiendo las huellas marcadas por la arena, como si la marca olorosa que quedaba le guiase hacia su presa. Llegamos incluso a girar dos veces sobre nosotros mismos, pues los jinetes habían estado haciendo grandes círculos con sus monturas. Finalmente, Jaco descubrió que era ese olor que lo tenía totalmente seducido, y que su instinto le forzaba a seguirlo.

Cuando nos encontrábamos a unos 10 metros, tomé la decisión de no dejarle acercarse más, para evitar posibles riesgos; no fuera a ser que el caballo se pusiera nervioso y pudiera pisarlo. La tensión de la correa le hizo levantar la cabeza, y ante sus ojos se mostraba un precioso caballo blanco, majestuoso. La sorpresa, pues era el primer caballo que veía, le hizo erizarse todo el lomo, tensar la cola, e incluso aullar en varias ocasiones para llamar la atención del équido. Por suerte, el corcel atendiendo a las ordenes de su jinete, no prestó la menor atención, siguiendo con su exhibición y paseo por la playa.

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Una vez que Jaco se calmó, seguimos el paseo, manteniendo la distancia y con paso firme. Mientras pasábamos cerca del equino, con la distancia de seguridad de unos 5 metros, Jaco no quitó un ojo del mismo, manteniendo el lomo totalmente erizado. Pasada la tensión del encuentro por la novedad de lo que veía, el paseo siguió con total normalidad, como si todo lo que había pasado fuera un recuerdo lejano…

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Con lo cobarde que es para algunas cosas…

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Jaco no es un dechado de valor, siempre se ha refugiado tras de mi cuando algo le ha dado miedo. Desde pequeño, cuando se ha encontrado con otros perros ha utilizado la maniobra que llamamos “del despanzurre horizontal“, es decir, se tumba y permanece quieto hasta que lo olfatean de arriba a abajo antes de intentar ponerse a jugar.

El otro día, cuando se celebraba el cambio de año, en Nochevieja, me preguntaba cual sería su reacción ante los típicos petardos y cohetes que la gente suele lanzar para celebrar el nuevo año. Suponía que reaccionaría igual que Ron, el pastor alemán de mi cuñada, el cual siempre ha tenido un miedo atroz a ese tipo de artefactos. Ron no solo no soporta el estruendo de los petardos, sino que sale huyendo al interior de casa, porque le dan autentico pavor; como Jaco estaba pasando tiempo con él, y lo tiene como perro adulto a seguir, creí que lo imitaría al igual que hace con otras cosas.

Pues para no dejar de sorprenderme, Jaco no solo no se inmutó con los petardos, sino que estuvo de lo más tranquilo. Fue comenzar a tirar petardos, y Ron salió corriendo hacia el interior de la casa, Jaco por contra permaneció atento a lo que hacíamos, sin sufrir la menor alteración, como si hubiese oído ese tipo de ruido durante toda su vida.

Tras darle vueltas a la cabeza, por supuesto no al estilo de la niña del exorcista, sino figuradamente, he llegado a la conclusión de que en su información genética tiene que haber algo que no le haya puesto alerta sobre ese ruido. Jaco es un Beagle, y como todo Beagle, es un perro de caza, rastreador, de los que se han usado durante siglos para cazar por todo el mundo; puede que debido a ese instinto cazador, el ruido y estruendo de los petardos y la pólvora, lo tenga asimilado a los disparos de las escopetas que siempre acompañan al deporte de la caza, de ahí que esos ruidos no le hayan causado la menor sensación. No sé si mi teoría será la correcta, y me gustaría que vosotros me contaseis como reaccionan vuestros perros a esos ruido, a ver si va a ser cierto que en el ADN está incluida ese tipo de información….

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¿No es un poco pronto?

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Hola Amigos, sé que últimamente esta bitácora no está tan activa como solía, pero es que la carga de trabajo me impide actualizar con la frecuencia que a mi me gustaría, y además Jaco está últimamente muy tranquilo, sin que tenga actitudes dignas de una entrada, seguro que este fin de semana, que nos vamos de viaje otra vez, nos sucede algo digno de mención.

El motivo de esta entrada rápida, es que esta mañana, cuando hemos salido a dar nuestro paseo matutino habitual, Jaco me ha sorprendido haciendo algo que no me parece normal, por lo que he leído hasta ahora. Lo que ha hecho ha sido levantar la pata para miccionar, no totalmente, pero si bastante, como iniciando el gesto habitual en los perros adultos para aliviarse. Me ha pillado tan de sorpresa que no he podido obtener una instantánea del momento que mostrar. Ha ido al lugar donde últimamente hace su primer pis diario, frente a mi casa, junto al bordillo de la acera pero en el pavimento; allí ha empezado a orinar como hace habitualmente, pero casi al final a levantado su pata trasera izquierda, como dirigiendo el chorro hacía el bordillo.

Todavía estoy sorprendido, porque Jaco tan solo tiene 4 meses y medio, ya sabéis que su “cumplemes” son los días 15, y por lo que tengo entendido y leído, no será hasta que cumpla los 6 meses, que empiezan a levantar la pata para aliviarse, una vez que comienzan a desarrollar su instinto territorial, sexual, y otros más….; vamos cuando se convierten en unos adolescentes en potencia. El caso, es que esta precocidad me ha sorprendido, e incluso asustado, no sé muy bien porque, pero así ha sido…, tal vez porque sepa que es un signo de que ya deja de ser un cachorro, y se “hace todo un hombre…, perdón, quería decir perro”.

Espero que me aquellos que tenéis más experiencia que yo con vuestras mascotas, y que sé que pasáis por aquí a visitarnos, me hagáis algún comentario al respecto, por lo menos para tranquilizarme. Tal vez tan solo ha sido un espejismo, y fruto de mi imaginación, espero vuestros comentarios.

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Jaco cazador

En estos días parece que el verano ha llegado antes de tiempo. Hace un calor exagerado, y como no queremos comenzar a usar el aire acondicionado, tenemos todas las puertas abiertas para que corra el aire. Debido a esa circunstancia, la de las puertas abiertas y el calor, comienzan a aparecer bichos de toda clase que se acercan hasta la puerta.

Ayer Jaco me sorprendió metiendo en casa un escarabajo pelotero. Primero lo estuvo ladrando en la puerta, y cuando fui a ver que era lo que ocurría, Jaco lo tomo con su boca y lo metió en casa. Desde ese momento lo estuve siguiendo con la cámara, grabando el ritual de caza que Jaco ejecutaba al leer a la perfección su carga genética.

Lo que me sorprendió fue ver como llevaba en su boca, corriendo como un loco de un lado a otro del salón, hasta que decidió acabar con su presa y merendársela. En el vídeo no podréis ver las carreras de Jaco por toda la casa, pues debido a su velocidad a penas atinaba a mantenerlo enfocado, pero la verdad es que fue gracioso.

Lo mejor de toda la situación, es saber que a partir de ahora no me encontraré con ningún bicho inmundo en casa, como una cucaracha de esas rojas que vuelan, y que en más de una ocasión me han hecho tener que salir corriendo para aplacar los temores de mi mujer producidos por el insecto. A partir de ahora, será una obligación compartida con el “Pitxula”. Ahí os dejo el vídeo, espero vuestros comentarios.

P.D. Mañana nuevas entradas de amigos nuevos de Jaco, parece que las fotos empiezan a llegar.

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Jaco y los pájaros

Aunque no os lo creáis Jaco me sigue sorprendiendo a diario. El último episodio que hemos vivido es el eje central de esta entrada. Jaco tiene a día de hoy 14 semanas de edad, y se va notando su crecimiento, tanto en lo físico, ya pesa 7 kgs., como en lo mental. Dentro de su desarrollo mental los instintos, y su carga genética tiene su peso importante. Si ayer hablé del instinto escapista de un Beagle, hoy nos toca hablar del instinto cazador.

Ayer en un par de ocasiones, mientras salíamos a dar el paseo matutino, Jaco se fue atraído por un fuerte olor a la calle de en frente, pero logré que volviera. Durante el paseo vespertino volvió a insistir con el mismo sitio, lo que me sorprendió, fue que Jaco no hacía nada más que revolcarse en el suelo, intentando frotar su cuerpo contra algo que había encontrado. Me acerqué al sitio, y encontré un polluelo fallecido; era con eso con lo que se estaba frotando, intentando disimular su propio olor, con el que emanaba de aquel bicho fallecido del que estaban empezando a dar buena cuenta las hormigas.

Cuando llegué a la altura del orejas, éste cogió el cadáver con su boca y salió corriendo bajo un coche. Se empeñó en restregarse continuamente con el polluelo muerto, como si se estuviera preparando para lo que sucedería más adelante. De hecho, tardé más de 10 minutos en sacarlo de allí, y solo con el ofrecimiento de una salchicha logré mi objetivo.

Proseguimos nuestro camino, y llegamos a la playa. Creo que era la primera vez en la que coincidíamos en la playa con un grupo de palomas y gaviotas. El instinto de Jaco se desató en cuanto las vio, y tras marcarlas con su pose de caza (levantando la pata delantera, y poniendo la cola tiesa como una vela), salió corriendo como un energúmeno hacía ellos, provocando que la bandada de aves levantase el vuelo. Ese intento de cazar a las aves se repitió y prolongo durante unos 15 minutos.

Lo intentó con un ataque directo, sin esperar a que las aves se pudieran percatar de su presencia. Lo intentó agazapándose y reptando por la arena, mientras se acercaba a ellas. Lo intentó acorralándolas contra el mar, o contra la pared que limita la playa con el paseo. Pero por muchas maneras que Jaco propuso, ninguna de ellas fue lo suficientemente efectiva y volvimos a casa sin “ave que vuela, para meter en la cazuela”

¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS JORGE!!!

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