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¡Qué bueno que viniste!

Una de las mayores alegrías que te puede dar el hecho de tener un perro son las bienvenidas cuando uno llega a casa. Es algo maravilloso volver a casa después de un día de trabajo, o de unas horas, y que a pesar de lo dramático que haya sido el día, o lo cansado que estés, o lo cabreado que las tensiones de la vida diaria te hayan dejado…, siempre está tu perro para alegrarte el momento del retorno.

Cuando vuelvo a casa, da igual el tiempo que haya transcurrido, si cuando me marché lo abandoné a su suerte en el patio, si le dejé sin agua, o sin un juguete para entretenerse; el caso es que en cuanto oye que el coche llega, él se coloca en la verja de la entrada, pues sabe que llegamos.

En ocasiones, cuando estamos solos él y yo, es capaz de 30 segundos antes que llegue mi mujer, de oír el motor del coche, y reconocerlo; pidiendo salir a su encuentro para celebrar su llegada, y lo mismo ocurre cuando el que llega a casa soy yo.

Con la alegría de la llegada siempre se produce la misma rutina. Primero permanece atento en lo que abrimos la puerta, para luego comenzar a dar saltos hasta la altura del picaporte, esperando que abramos. Una vez abierta la puerta, sale a la carrera, saludando primero a uno, y luego al otro, queriendo enseguida jugar conmigo. Generalmente coge con la boca lo que tenga más a mano, y me lo acerca, pero si la puerta de casa está abierta, entonces tiene que ir a por su juguete favorito, su cuerda.

Ya con la cuerda en su poder, me la trae, para que juegue con él; haciéndome ver que su tesoro más preciado es mío también, y que ambos tenemos que compartirlo jugando, porque nos ha echado de menos. Ese juego, dura hasta que nos cambiamos para salir a dar nuestro paseo juntos, pues ese es el momento de la libertad compartida, el de la tranquilidad que le indica que todo está bien, que seguimos compartiendo nuestra vida juntos…

El vídeo que hoy os mostramos, es un resumen de esa excitación que se produce cuando llegamos a casa. No perdáis detalle de como agita su cola, que en ocasiones tiene un ritmo tan frenético, que hace que todo su cuerpo se estremezca, llegando en ocasiones impedirle andar, pues su parte trasera parece que llega a adelantar a la frontal.

No quiero cerrar esta entrada sin dejar de felicitar a mi amigo el gaviero, que en el día de ayer volvió a ser papá de una preciosa niña, de nombre Laura, y que seguramente, en cuanto el tiempo le permita caminar, jugará con Jaco, tal y como ya hace su hermana Elena.

¡¡¡Enhorabuena Enrique y Lucia!!!

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