Es un perro cobarde, pero no tonto.

Ayer por la tarde, después de nuestro paseo vespertino, fuimos de visita a casa de mis cuñados, pues uno de ellos celebraba su cumpleaños. Evidentemente, Jaco como es un perro con una buena educación, nos acompañó a la celebración, pues el también quería felicitar al celebrante, y disfrutar de un rato de juego con los niños.

Después de pasar un rato largo allí, los niños tuvieron una genial idea, enseñarle a Jaco el canario, de nombre “Pitu”, así que lo pusieron a su altura para que lo viera. Tras olfatear la jaula un rato, intentó cogerlo, lanzando embestidas contra la jaula para hacerlo salir. Ahí dejo una instantánea tomada al azar, en donde se ve a mi sobrino de año y medio, ofreciendo “protección” al pajarito.

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Balbinete ofrece protección a Pitu de Jaco, ¿o no?

Una vez que el canario pudo superar el susto, aunque creo que pasará unos días sin cantar, Jaco decidió irse a investigar por su cuenta.

Como ya me había avisado a través de Twitter, @luislanz, Jaco tenía que desarrollar su instinto de Houdini, y comenzar a ser uno de los mejores escapistas de la historia, por ese motivo, no tuve más remedio que ir a vigilarlo de vez en cuando, o bien llamarlo para que acudiera, sin más intención que verlo el pelo.

En una de sus investigaciones, Jaco salió del recinto de la vivienda, colándose por un estrecho hueco existente en la parte baja de la puerta metálica. No me di cuenta de esa circunstancia hasta que salí en su búsqueda, y tras llamarlo, lo vi entrar en la casa por ese hueco. Como parecía que atendía a la llamada, pues cada vez que venía obtenía un jugoso premio (trozo de salchicha), lo dejé seguir investigando.

Finalmente, Jaco apareció corriendo hasta donde estábamos, en la parte trasera de la casa. Frenó en seco, se giro, y comenzó a ladrar al aire; no era uno de sus típicos aullidos, eran ladridos en toda regla. La respuesta vino en el aire, eran otros ladridos del Pastor Alemán que vive en la casa de enfrente al otro lado de la calle. Creo que Jaco en su excursión, había transitado por la puerta del Pastor Alemán, y como no debieron hacer buenas pulgas comunes, Jaco salió huyendo, en busca de la protección de la manada que somos nosotros. Así que teniéndonos a nosotros cerca, si que se atrevió a hacer frente a un perro mucho más grande que él; por eso digo que es un cobarde pero no tonto.

Lo que estaba claro, era que Jaco tenía ganas de juerga, porque luego, comenzó a ladrar a una esquina. Tanto mi mujer como yo nos sorprendimos bastante, pues como ya he dicho en varias ocasiones, Jaco es un perro bastante silencioso. Primero pensamos que a lo mejor había algún animal rondando, tal como un ratón de campo, o una salamanquesa, o incluso una cucaracha; pero ninguno de ellos dieron signos de vida por allí. Nuevamente Jaco volvió a ladrar en la misma dirección, en posición defensiva, y con el rabo entre las piernas.

Tras 2 ó 3 acometidas más, descubrimos a que estaba ladrando Jaco; era a un caballito, de esos para los niños. El caballito, era de peluche, con una estructura de madera a sus píes, que le hacía elevarse hasta el metro y medio sobre el suelo, y pienso que debido a que era “peludillo”, Jaco pudo pensar que era un perro grande, y por eso lo increpaba, sobre todo después de su experiencia con el vecino. Eso sí con más miedo que vergüenza.

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¡Qué verguenza!

En la entrada de hoy no voy a hablar de Jaco, ni de mí, sino de algo que me parece vergonzoso, y que se extiende por muchas zonas de este país, todavía llamado España, y creo que por todo el mundo mundial.

Todo aquel que sigue este blog sabe, y si no lo sabe no sé que ha estado leyendo, soy el orgulloso propietario de un cachorro de Beagle. Como propietario que soy, tengo atribuida la responsabilidad sobre mi perro. Responsabilidad, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española significa, “Cualidad de responsable”; y responsable a su vez, “Obligado a responder de algo o por alguien”. Así pues, como propietario, he de responder por mi mascota.

Esta obligación de respuesta en nombre de alguien, esta contemplada jurídicamente dentro del ordenamiento español en el Articulo 1.905 del Código Civil, que dice: “El poseedor de un animal, o el que se sirve de él, es responsable de los perjuicios que causaré, aunque se le escape o extravíe. Solo cesará esta responsabilidad en el caso de que el daño proviniera de fuerza mayor o de culpa del que lo hubiese sufrido”. Por tanto, si nuestro perro, aun escapándose, causara algún daño a alguien, como por ej. que lo mordiese, seremos responsables de ese daño causado y tendremos que responder por el mismo. Lo mismo ocurrirá si otro perro se escapase y profiriera algún mordisco a nuestra amada mascota, el dueño del perro mordedor, deberá correr con los gastos del veterinario y cualesquiera derivados de la atención del perro lastimado.

Bien, pues esto, que parece lo más normal del mundo, y con lo que todo propietario de perro está de acuerdo (sobre todo con lo de que si otro perro ataca al nuestro, se nos paguen los gastos de veterinario), parece que para algunas personas la responsabilidad es selectiva. Y digo que es selectiva, porque muchos acogen las ideas anteriormente reflejadas, pero no tienen claro que recoger los excrementos de sus perros es también responsabilidad suya.

Jaco todavía no controla bien el tema de los esfínteres fuera de casa, y por desgracia para mí, solo de vez en cuando hace sus necesidades fuera del patio, pero desde el primer día, soy consciente que si mi perro “caga”, soy yo el que lo tiene que limpiar, y nadie más tiene que padecerlo.

Todo esto viene, porque esta mañana, durante nuestro paseo matutino, tras haber logrado que Jaco hiciera sus cosas en la playa, cuando volvíamos por la zona verde de la urbanización, hemos tenido que ir sorteando los zurullos de multitud de perros, como si estuviésemos en un campo de entrenamiento militar en plenas maniobras, o jugando a “evita la mina”. Pero es que además, uno de mis vecinos, observaba como su can defecaba en la arena, y dejaba allí el oloroso producto, a la vista de todos.

Yo no soy quien para dar lecciones de ninguna clase a nadie, pero no he podido por menos que acercarme a él para amonestarlo verbalmente. Mi vecino, de nacionalidad inglesa, se ha intentado amparar en que no entendía la lengua de Cervantes para no atender; pero por desgracia para él, mis conocimientos en la lengua de Shakespeare son suficientes para sacarle los colores. Las distintas excusas que me ha dado, han ido desde que “era la primera vez que eso ocurría”, hasta “que se había quedado sin bolsitas”; así que le he dado una de las mías, y le he obligado a que recogiera la deposición de su perro. No sé si este hijo de la Gran Bretaña, ha recogido la mierda por que lo he amenazado con que yo mismo iría a su casa a cagarle en su patio, o por que pensaba denunciarlo ante la Policía Municipal.

Es totalmente vergonzoso que estas cosas sigan pasando, y que únicamente funcione como elemento disuasorio la amenaza de la multa. Y no es cuestión de que el personaje que me he encontrado sea inglés, que también lo hacen muchos españoles, o de cualquier otra nacionalidad.

Así que por favor, si tenéis una mascota, recoged sus deposiciones, y demostrad quien de los 2 es el animal racional.

Algunos dueños deberían tomar ejemplo de esta imagen

Algunos dueños deberían tomar ejemplo de esta imagen

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Ahora protegemos el hogar

Es sorprendente como va pasando el tiempo, y pese a que en ocasiones Jaco se desmanda un poco, como ya conté ayer, es un perro magnifico. Ayer nos sorprendió con una nueva habilidad que yo no lo he enseñado, sino que se encuentra dentro del instinto del perro; os cuento.

Desde que duerme en la calle, Jaco se había dedicado a avisarnos si nos dejábamos alguna luz encendida, bien dentro de casa, o bien en el exterior cuando nos íbamos a acostar. Pero esos avisos, consistían principalmente, en que él quería entrar en casa pensando que seguíamos despiertos, lo de ayer fue algo completamente distinto.

Ahora protege el hogar y a la manada con ladridos

Ahora protege el hogar y a la manada con ladridos

Estábamos tranquilamente, disfrutando de la magnifica temperatura que ofrecía una maravillosa velada nocturna en nuestro patio delantero. Mientras yo leía, Jaco jugaba por el patio, cuando de repente alguien pasó por la calle, justo frente a nuestra puerta. Jaco dejó lo que estaba haciendo, y afianzando sus patas en el suelo, y adoptando una postura defensiva, con su cola perfectamente erguida, lanzó dos ladridos contra la puerta.

Fueron dos ladridos que me dejaron fuera de lugar, pues hasta ahora, salvo algún que otro aullido para jugar, o bien reclamar algún juguete que se había quedado bajo un sofá, Jaco nunca había ladrado de esa manera. Ladró haciendo ver que él estaba allí, marcando su territorio. No sé si es muy pronto, pues Jaco solo tiene 3 meses, pero me dio la sensación que a partir de ese momento comenzó a cumplir su principal cometido en esta vida, es decir, proteger su hogar y a su manada, haciendo desistir las malas intenciones de los amigos de los ajeno.

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El hombre que aprendio a ladrar (In memoriam)

Lo cierto es que fueron años de arduo y pragmático aprendizaje, con lapsos de desalineamiento en los que estuvo a punto de desistir. Pero al fin triunfó la perseverancia y Raimundo aprendió a ladrar. No a imitar ladridos, como suelen hacer algunos chistosos o que se creen tales, sino verdaderamente a ladrar. ¿Qué lo había impulsado a ese adiestramiento? Ante sus amigos se auto flagelaba con humor: “La verdad es que ladro por no llorar”. Sin embargo, la razón más valedera era su amor casi franciscano hacia sus hermanos perros. Amor es comunicación.

¿Cómo amar entonces sin comunicarse?

Para Raimundo representó un día de gloria cuando su ladrido fue por fin comprendido por Leo, su hermano perro, y (algo más extraordinario aún) él comprendió el ladrido de Leo. A partir de ese día Raimundo y Leo se tendían, por lo general en los atardeceres, bajo la glorieta y dialogaban sobre temas generales. A pesar de su amor por los hermanos perros, Raimundo nunca había imaginado que Leo tuviera una tan sagaz visión del mundo.

Por fin, una tarde se animó a preguntarle, en varios sobrios ladridos: “Dime, Leo, con toda franqueza: ¿qué opinas de mi forma de ladrar?”. La respuesta de Leo fue bastante escueta y sincera: “Yo diría que lo haces bastante bien, pero tendrás que mejorar. Cuando ladras, todavía se te nota el acento humano”.

Mario Benedetti (14/9/1920-18/5/2009)

Sirva esta entrada como homenaje personal a uno de los mayores autores en lengua castellana.

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No solo de cal, también da la de arena

En muchas ocasiones me han dicho, o mejor expresado, criticado, diciendo que tan solo cuento las cosas buenas de Jaco. Creo que eso se debe al cariño que lo profeso, y que me hace obviar de mi mente las jugarretas o trastadas del cachorro, que por supuesto que las hace, pues tan solo tiene tres meses. Para hacer revisión de conciencia, y enseñaos como también me da la de arena, pues las de cal las he contado casi todas escribo esta entrada, con una trastada de este fin de semana, y dos actos de desobediencia que han merecido castigo.

El sábado cuando volvíamos paseando de la cena que disfrutamos en un restaurante en compañía de unos amigos y de Jaco, pasamos por delante de la casa de unos vecinos que tienen un precioso Labrador de un año, y que se llama “Bruno”. Jaco ya lo conoce, pues nos hemos encontrado paseando por la urbanización donde vivimos en varias ocasiones, y cada vez que pasamos por delante de su puerta, Bruno está tirado en el suelo, sacando el hocico por debajo, pidiendo que alguien se acerque y le diga algo.

Como de costumbre Jaco se acerco a saludar, y agitando su cola como señal de alegría, se tiró al suelo para dejarse oler por Bruno. Jaco iba sin correa, y le dejamos que jugase un poco, pero nunca pensé que llegará a colarse por debajo de la puerta para jugar, cosa que hizo. Allí estuvimos en la puerta de esa casa, durante 10 minutos viendo por una rendija, como Bruno y Jaco jugaban, mordisqueándose, correteando de un lado a otro, saltando, etc… Cuando creí que ya era suficiente, lo llamé por debajo de la puerta, mostrando como suculento soborno una barrita para perros.

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Ahora intenta meterse en otras casas para jugar

La respuesta por parte de Jaco….., ni puñetero caso, paso totalmente de mí, pues se encontraba totalmente enfrascado en seguir jugando con Bruno. Menos mal, que a Bruno si que le sedujo mi soborno, y se acerco a por ello, y pegado a él Jaco, que se arrimo al estrecho hueco bajo la puerta. No me quedó más remedio que sacarlo tirando de su pata, y ponerle la correa, para poder volver a mi casa tranquilamente. Hasta ahora, siempre había hecho caso a la orden de llamada, en ocasiones con un poco de dejadez, pues se hacía el remolón, pero finalmente venía, y lo que me dejó sorprendido fue el no hacer caso a un soborno alimenticio, pues la comida le vuelve loco, pero entiendo que le pudo el ansia de jugar libremente con otro perro.

Pero las trastadas gordas, y que provocaron que se desatará mi ira, y por consiguiente un castigo para Jaco, por reiteración fue desatender a la orden de llamada en 2 ocasiones, con lo que encima parece cachondeo por su parte. Volvíamos de una caminata por el Paseo Marítimo, y al llegar a la urbanización, como tenía signos de que quería hacer sus cosas, lo solté, pero en lugar de intentar hacer nada, salió corriendo hacia casa. Tras llamarlo en un par de ocasiones, y intentando que volviera; Jaco se paró mirándome extrañado, y al acercarme a él salió corriendo buscando refugio bajo un coche, que estaba arrancado porque sus dueños se disponían a salir. Gracias a Dios que lo vieron meterse los dueños del coche y no arrancaron. Cuando llegué al coche, tirado en el suelo llamándolo, Jaco arrastrando su barriga intentaba alejarse para que no pudiera cogerlo, pero finalmente lo hice. Se llevó un par de azotes en cuanto lo cogí, a parte de ponerlo la correa. Tendrías que verlo, la cara de pena que puso para intentar ablandarme, sabiendo el muy cabrito, que lo que había hecho no estaba nada bien.

No contento con eso, ayer por la noche, después de cenar, salió a ver si plantaba “un pino”. Mientras olisqueaba, oyó a unos vecinos en la calle de al lado, y rápidamente fue a saludar; ya a la vuelta del paseo de la tarde se había metido en su casa, haciendo caso omiso de mis llamadas. Mientras él corría, yo lo llamaba, y le decía “quieto”, “aquí”, e incluso creo que lo llamé “hijo de perra”. No fue a saludar a los vecinos, otra vez se metió bajo un coche, y allí agazapado intentaba huir de mis llamadas. Finalmente, los vecinos riéndose de mi, y comentando con tono jocoso “¿qué te pasa con el perro hombre?, ¿es que no sabes llamarlo?, lo sacaron del coche con un simple, “muach, muach”.

Creo que no os podéis hacer una idea del cabreo que me entró en ese momento, primero por la reiteración de la desobediencia de Jaco, que en 2 días me había puesto a prueba, haciendo oídos sordos a mis llamadas; y en segundo lugar, por la humillación y cachondeo de los vecinos, que se rieron a mi cara de “lo bien enseñado que está el perro”. Di las gracias por sacar a Jaco de los bajos de coche, y con una nube negra de la que manaban rayos sobre mi cabeza, me fui a mi casa, a tan solo 30 metros de distancia. Una vez allí, puse a Jaco en el suelo, y con todo el dolor de mi alma, le propiné dos azotes en el culo, como si de un niño pequeño habláramos, además de reñirlo firmemente con la voz.

Con el rabo entre las piernas se metió en casa, y volviéndolo a llamar, rehuso venir; lo cual hizo que mi estado de furia aumentara. Solución, castigado en su jaula, y esta en un cuarto a oscuras durante 5 minutos. A los 5 minutos, cuando fui a perdonarlo, y sacarlo de la jaula, Jaco no quería salir, seguía atemorizado. Lo soborne con una chuchería, salió a recogerla, y se volvió a la jaula. Finalmente lo saqué, y lo estuve acariciando un rato, hasta que se durmió sobre mí.

Está bien claro que tendremos que volver a trabajar la orden de llamada, y recompensarlo cuando la cumpla, etc…, pero de momento, en estos próximos días, se acabó salir sin correa, él solo se ha ganado la privación de libertad, con lo que le suponía pasear sin ataduras por la urbanización creo que luego se pensará mucho lo de no acudir a la llamada. ¿O tan solo me estaba probando, intentando cuestionar mi autoridad de macho alfa?

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El baño de Jaco

Tras varios intentos fallidos, por fin he logrado grabar una sesión de baño de Jaco. Como ayer por la mañana salimos a dar un paseo por la playa, y se encontró con su amigo “Dusky”, un pastor alemán cruzado con Husky, pues se zambulló en el agua, con los consiguientes revolcones por la arena, con lo que se puso hecho un Cristo, y no nos quedó más remedio que bañarlo. Pero ayer si que estaba preparado, y aquí dejo el video de como no le gusta el agua.

Actualización:El video no tiene sonido por problemas de copyright con Youtube

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¿Qué tomará el Señor?

Jaco tiene tres meses, estábamos disfrutando de muy buen tiempo, era fin de semana, todas estas circunstancias y otras más, indicaban que había llegado un momento importante; intentaríamos disfrutar de una comida fuera de casa en compañía de nuestro orejón.

Eran las 2 de la tarde, 23º de temperatura, con un 80% de humedad, calor veraniego, Jaco ya había comido, y tras un breve paseo llegamos a un pequeño restaurante. Allí habíamos quedado con mi amigo el Gaviero, su mujer y su hija, para compartir la comida y la sobremesa. Una vez en el sitio, pedimos una mesa en el exterior, en una terraza sita a unos 30 metros de la playa, con lo que comeríamos disfrutando del maravilloso paisaje que nos ofrecía el mar Mediterráneo.

Como suele ocurrirnos cuando llegamos a cualquier lado, muchas miradas recayeron en Jaco, pues es un cachorro simpático y que llama la atención. Varios turistas de nacionalidad inglesa, se arrimaron al can, para hacerle carantoñas, y alabar lo bonito que era. Una vez nos dijeron cual era nuestra mesa, tomamos asiento, y ubiqué a Jaco junto a mí, atando la correa a la silla, y dando la orden de “échate” y “quieto”; para que estuviera entretenido, le di una barrita para perros, que mordisqueo por un rato.

Estuvimos comiendo durante dos horas y media, y en todo ese tiempo, Jaco se ha mantenido tranquilo. Tan solo se ha intentado ir a explorar en un par de ocasiones, y ha sido porque le han llamado de otras mesas para ofrecerle comida y acariciarlo. Como ejemplo de la tranquilidad que ha atesorado Jaco, valga que a los 20 minutos de estar en la terraza, se ha dormido como un bendito.

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Como se ha portado tan bien durante la comida, cuando hemos llegado a casa, hemos disfrutado de una siesta conjunta

Por si no hubiese sido bastante con la anterior experiencia, por la tarde nos fuimos a dar un paseo por la playa. Ya sabéis que a Jaco le encanta correr por la arena, experimentando momentos de libertad, y además es de los pocos sitios en los que hace sus necesidades sin problema.

Después del paseo, hemos terminado en otro restaurante, en donde íbamos a cenar. Tras preguntar si podíamos entrar con Jaco, y tener el beneplácito de los propietarios del local, disfrutamos de una agradable velada, donde Jaco termino de la misma manera que a mediodía, es decir, dormido.

Hoy se ha cumplido uno de mis mayores anhelos, consistente en poder disfrutar en compañía de mi perro de una comida, o una cerveza, o un aperitivo…, en una terraza con buen tiempo, sin que nadie me llamé la atención, o bien yo me encontrara incomodo, porque mi perro no supiera comportarse.

Creo que también se ha cumplido lo que en su blog profetizó mi amigo el Gaviero:

“Pero no dudo que al final el can podrá sentarse en las mesas más distinguidas y acompañar a mi amigo por todo el orbe”

Jaco y yo, brindamos por ello.

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Ha cumplido tres meses

Como ya anuncié ayer, hoy día 15 de Mayo, Jaco cumple 3 meses, ya ha dejado de ser un bebe, para comenzar su etapa de niño.

Después de este tiempo juntos, el próximo día 28 cumple 2 meses conmigo, Jaco ha evolucionado de forma muy evidente. Ha crecido, recuerdo que cuando llegó no era más grande que mi píe; le ha cambiado el color de su pelaje, era principalmente negro y blanco, y ahora, su cabeza es marrón casi en su totalidad, así como en sus patas se comienza a atisbar ese mismo tono ocre; y se esta desarrollando tanto física, como psíquicamente de una manera estupenda.

Como perro, ya he dicho que es un fiel compañero, y que sus recibimientos, tanto matutinos como a la vuelta del trabajo, bien valen su presencia en el hogar. Creo que si ahora mismo Jaco desapareciera de nuestras vidas, nos quedaríamos faltos de algo importante. A pesar de ser un perro cabezón y tenaz, lo cual es algo característico de su raza, aprende muy rápido todo lo que le intento enseñar. En cuanto a sus relaciones con otras personas, creo que es de los perros más amigables de mundo, va saludando a todo el mundo por la calle, lo cual puede ser un poco problemático en ocasiones, pues no a todo el mundo le gustan los perros; con los niños, es encantador, los niños le adoran, y él también los disfruta, pese a que generalmente lo vuelven loco con ordenes, desordenadas.

Otro síntoma de que se esta haciendo un perro mayor, es que ayer durante el paseo vespertino, hizo sus necesidades, tanto aguas menores como mayores, y eso que no estábamos en la playa, sino por la calle.

Ahora y como fanfarria final, os dejo un vídeo que resume los aprendizajes de Jaco en este tiempo que ha compartido su vida conmigo…..

Por cierto…..,

¡¡¡Feliz Cumpleaños Piky!!!

 

¡¡¡Ánimo Papá, pronto en casa, tú puedes con eso y con más!!!

 

 

 

 

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¿Estamos bien de peso?

El otro día comenté que tenía la sensación de que Jaco a lo mejor estaba un poco delgado. Es probable que mi obsesión sobre su peso se deba a que como he leído tanto sobre Beagles con sobrepeso, ya sabéis que se come todo lo que le den, e incluso cualquier cosa que se encuentre por el suelo.

Si, ya se que la dosis diaria recomendable de pienso aparece en la bolsa del alimento, en virtud del peso que el perro tendrá cuando sea adulto. ¿Pero cual es el peso para un Beagle? Porque he leído que va desde los 11 hasta los 14 kgs.

Bueno para que os hagáis una idea más exacta de como está Jaco ahora mismo, os cuelgo una foto de hoy a mediodía, tomada desde arriba.

Ahí esta, largo, pero creo que escuchimizado, ¿no?

Ahí esta, largo, pero creo que escuchimizado, ¿no?

Por cierto, creo que el paseo de mediodía lo vamos a tener que acortar debido al calor, porque nada más pisar la calle Jaco hiperventila, y yo estoy a punto de derretirme.

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¡¡¡Jodio peludo!!!

En el día de hoy me he llevado un susto de campeonato, os cuento porqué.

Como ya dije ayer, Jaco ha comenzado a dormir en el exterior de casa, que para eso le compramos una caseta preciosa de madera que todos habéis visto. Esta mañana cuando hemos abierto la puerta, Jaco, que estaba dormido en su sitio, se despertó y ha venido corriendo hasta mi, dando sus habituales muestras de alegría por vernos, desperezándose, estirándose, moviendo el rabo de forma frenética. Desayunamos y nos hemos ido a dar el paseo matutino habitual.

A la vuelta del paseo, lo he dejado nuevamente en el patio, disfrutando de una galleta para perros, pues yo tenia que ducharme y vestirme para irme a trabajar.

Con todo listo cuando me iba al trabajo, he salido de casa, y tras cerrar la puerta, para despedirme he comenzado a buscar a Jaco. Tengo que decir que por desgracia, mi patio no es de un tamaño similar al de los viñedos de Falcon Crest, sino que tan solo tiene unos 25 metros cuadrados, pero por mucho que he mirado no lo veía. No estaba en su caseta, ni se había metido en la bandeja de mi scooter, ni tampoco estaba bajo la mesa de exterior, y pese a haber dicho su nombre en un par de ocasiones nada se movía, todo estaba en calma, excepto yo.

Que agobio me ha entrado de repente, todos los momentos que hemos pasados juntos ha pasado por mi cabeza, como proyectados en “filminas“, y he comenzado a pensar que algún Hijo de P…., me había robado a Jaco; o bien que se había escapado pasando por debajo de la puerta, lo cual es prácticamente imposible, a no ser que tenga superpoderes y sea como Reed Richards, pudiendo deformar su cuerpo a su antojo.

Desesperado, amargado y taciturno, he buscado el teléfono para llamar a mi mujer y darle la mala noticia; de la nada, bostezando con toda su boca, y tocando el suelo con una lengua que sorprende por su longitud, con total indiferencia y como si nada pasara, Jaco ha aparecido.

Con la alegría que me ha dado he comenzado a acariciarlo y achucharlo, pero luego lo he reñido (solo verbalmente) por el susto que me ha dado. El muy capullo, se había quedado dormido en una de las sillas de exterior que tenemos, y me era imposible verlo, y ni por asomo he pensado que estuviese allí, porque hasta ayer no era capaz de subirse el solo, pero parece que ahora tiene muelles en sus patas y sube sin problemas.

¡¡¡¡Jodio Peludo!!!, como está creciendo el cabrito….

Y mañana…., Jaco cumple 3 meses; mis impresiones hasta ahora…

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Aquí es donde se había escondido el orejón

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