Este fin de semana, como los paseos matutinos son más largos por la ventaja del descanso del trabajo, suele darnos más posibilidades para escribir nuevas entradas.
Como novedad el sábado mientras paseábamos, nos encontramos con un hueso. En un principio ni me imaginaba que fuera un hueso, es más, pensé que era una piedra, pues el tamaño era considerable como podéis ver en las fotos.

Ese hueso, de dinosaurio por el tamaño, lo primero que le causo a Jaco fue una llamada de atención a su instinto. Iba correteando por la playa, y un aroma característico le llamó la atención, llegó al sitio donde se encontraba el hueso y comenzó a revolcarse sobre él, intentando impregnar todo su cuerpo con el aroma, totalmente inapreciable para nosotros.
Tras el revolcón, lo desenterró totalmente, e hizo algo que hasta ahora, nunca había visto; lo tomó con sus fauces, y se fue al agua del mar. En la orilla, con el oleaje, procedió a limpiar el hueso de toda la arena que lo recubría, dejando al descubierto lo que parecía que más le llamaba la atención, el tuétano.
A partir de ese momento, el pedazo óseo se convirtió en uno de sus mejores juguetes. Primero lo lamió un rato, luego estuvo jugando con él como si fuera una presa, ya sabéis, saltando sobre él, retrocediendo, volviéndolo a atacar, increpándolo, etc…, para luego llevárselo corriendo por toda la playa, y a todas partes.
Gracioso fue el momento en que en la playa aparecieron otros perros. El primer perro que encontramos fue un Fox Terrier, ya mayor, pues apenas podía caminar. En cuanto apareció por la playa, Jaco lo olió, y en lugar de intentar jugar con él, se dedicó a proteger su “tesoro”.
No es que se mostrara agresivo, ni comenzase a ladrar al otro perro para proteger la pieza, pero si que mantuvo una actitud de protección hacia la misma, pues en cuanto lo vio venir, dejó el hueso a su espalda, y le estuvo haciendo un marcaje fútbolistico de primera, no permitiendo que el Fox Terrier pudiera siquiera ver el trozo de hueso, pues lo protegió con su cuerpo al interponerse en el campo de visión del otro perro.
Una vez que el otro perro se alejó, siguió jugando con el hueso, y de hecho, así estuvo durante toda la mañana hasta que volvimos a casa, pues lo estuvo llevando de un lado para otro de la playa, jugando tal y como ya he explicado.
Uno de los peores momentos que pasó el pobre Jaco con su “juguete”, fue cuando una ola lo sorprendió, empapándolo totalmente. Lo peor no fue el remojón, fue que la corriente sepultó el hueso y se lo llevó hacia el mar. Jaco comenzó a buscarlo como un loco, dando vueltas sobre si mismo, mirando de un lado para otro, hasta que finalmente, una vez que el mar había vuelto a su ser, emergió embadurnado de arena. Jaco lo encontró y continuo con el juego.
Menos mal que al final, y gracias a un cachorro de Boxer de tan solo 3 meses, Jaco se distrajo y pudimos quitarle el hueso, porque si no nos llegamos a encontrar con el cachorro, mucho me temo que no hubiésemos tenido más remedio que habernos llevado el hueso a casa…

jajaja,en su linea!!cabezones como ellos mismos!
con lo bonito que hubiera quedado el hueso en la vitrina del salón…