Como ya os dije, últimamente no se actualizaba el blog con la frecuencia habitual por una serie de problemas técnicos con el ordenador, por una gran carga de trabajo pre-navideña, y porque estuve sin Jaco desde el día 20 de Diciembre, ya que tuve que ausentarme de casa y se quedó con mi mujer, haciéndose compañía mutuamente hasta que nos re-encontramos el día 24, ya en Valladolid, para pasar las fiestas juntos. Intentaré ahora hacer un resumen de algunas situaciones vividas en los últimos días de mi vida con Jaco.
El día 24, tras un viaje de 6 horas de coche, Jaco y yo nos reencontramos, después de 4 días que se hicieron muy largos sin el orejón. La primera noticia a destacar, es que Jaco ha decidido ser un perro libre. Ya no le gusta estar atado tranquilamente esperando como hacía cuando era más cachorro. Ahora, en cuanto está atado en cualquier sitio, mordisquea su correa, la corta y campa a sus anchas. Fruto de ese nuevo aprendizaje (mordiendo la correa me puedo escapar), se soltó del cinturón de seguridad con el que suele viajar, con lo que los últimos 30 kms. fueron bastante difíciles para mi mujer, pues Jaco pensó que iría más cómodo en el asiento del copiloto, que atrás, con lo que se paso a la parte delantera del coche, apretando todos los botones que había al alcance de sus patas…, así que he decidido hacerle un nuevo anclaje al cinturón de seguridad, pero esta vez con una cadena metálica, la cual no podrá romper con los dientes por mucho que lo intente. ¡Si queremos viajar seguros no nos queda otro remedio!
Una vez superado el riesgo circulatorio de los últimos kilómetros, llegaron a Valladolid, donde les estaba esperando. En cuanto se paró el coche, y me vio allí parado de pie, intentó salir por cualquier lado. Cuando le abrí la puerta, salto hacía mi, agitando el rabito como un ventilador, frotándose como un gato zalamero contra mi, y recibiendo todo tipo de caricias que le daba, llegando incluso a tirarse al suelo panza arriba dejándose rascar de mala manera.

Cuando llegamos a casa, saludó a todo el mundo, inspeccionó toda la vivienda, y finalmente disfrutamos de una agradable cena de Nochebuena, en la que Jaco estuvo todo el tiempo tumbado a mis pies, comportándose como todo un caballero. Nos dejo disfrutar de la velada, hasta que una vez que recogimos la mesa, llegó el momento de jugar, e intentar hacer unas fotos con un gorrito de Papá Noel, que se vieron plasmadas en la felicitación navideña que colgamos el día 25. Si queréis ver todas las fotos las tenéis en la página de Facebook Estuvimos cerca de 15 minutos intentando hacer esas fotos, y al final lo logramos, pese a que Jaco lo único que quería era arrancar la borla del gorro y comérsela
El día 25 estuvimos en casa de mi suegra, donde Jaco se reencontró con Ron, el pastor alemán de mi cuñada. Nada más llegar allí, Jaco se olvido de nosotros, y se pasó todo el día jugando como un loco con él. Creo que fue el mejor regalo de la navidad que les pudimos hacer a ambos, pues se lo pasaron de maravilla jugando juntos, corriendo de un lado para otro, yendo a por piñas que les lanzábamos, trayéndolas, etc…
Como su encuentro pareció de lo más fructífero para ambos, decidimos dejar a Jaco allí a pasar la noche y el día 26, pues ciertas obligaciones familiares y de amigos nos impedían estar con él. El día 27 cuando lo fuimos a recoger, su recibimiento fue el habitual, alcanzando la locura debido a la excitación del reencuentro. Como premio por el tiempo que había pasado sin nosotros, les llevamos a cada uno, un hueso masticable, de los que venden en las tiendas de animales.
Les hice sentarse a ambos, y cuando estuvieron quietos les di su premio. Ron se fue al césped a comérselo tranquilamente, Jaco no. Comenzó a correr por toda la parcela como un loco, de arriba a abajo, tras de los arboles, entre el seto, por los arbustos…, no sé muy bien que es lo que estaba buscando, por lo que decidí seguirlo; en cuanto llegaba a donde él estaba, huía, como si pensase que le iba a quitar su recién adquirido trofeo. Finalmente, y a la vista de que nadie le iba a quitar su hueso, pues Ron estaba disfrutando tranquilamente del suyo, se tumbó en el césped, y sujetándolo con las patitas, disfruto de su manjar como si fuera lo más rico que había comido en toda su vida.
Siguió correteando otro buen rato, hasta que finalmente decidimos irnos. Ya fuera de la parcela de la casa, mientras nos despedíamos, Jaco estuvo olisqueando por los alrededores. Una vez que nos íbamos, un simple silbido y abrir la puerta del coche, bastaron para que Jaco apareciera de la nada corriendo, y de un salto se subió al coche, ocupando su sitio a los pies del copiloto.
No habíamos recorrido ni 100 metros, cuando intentó subirse al regazo de mi mujer, para ver cual era el paisaje que la noche deparaba fuera del coche. Tras otear reiteradas ocasiones, y descubrir que era imposible ver nada, cogió la postura y en menos que canta un gallo, se durmió plácidamente sobre el regazo de su ama, hasta que llegamos a casa…
Una vez en casa de mi madre, busco su cama, en la cual se tumbó, y allí se durmió. A los 30 minutos se levantó, fue a la cocina, comió un poco de pienso, bebió agua, y se volvió a su camita, hasta el día siguiente….
